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A medida que la crisis climática se intensifica, la educación surge como motor principal en el esfuerzo global para crear resiliencia y mitigar los peores efectos del cambio climático, en especial para las generaciones futuras.
En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP29) de este año se presentó la Iniciativa de Bakú sobre Desarrollo Humano para la Resiliencia Climática (enlace en inglés), lo cual marca un paso decisivo hacia la cooperación mundial para integrar la resiliencia climática en el desarrollo humano. Esta iniciativa se enfoca en la ecologización de la educación y en garantizar que la alfabetización ambiental se convierta en una meta educativa central. Además, busca hacer que la infraestructura escolar sea más resistente y sostenible. Al adoptar los principios de esta iniciativa, los gobiernos muestran su compromiso con la transformación de la sociedad a través de la educación, lo que anima a la juventud a participar en la acción climática y promueve la sostenibilidad a largo plazo. Si bien es esencial crear conciencia sobre el cambio climático, la educación puede hacer mucho más, como dotar a las personas de las habilidades y mentalidad necesarias para replantearse cómo abordamos el futuro del planeta y cómo respondemos a la crisis climática.
La educación es fundamental para enfrentar el cambio climático, pero es el personal docente, con la formación, herramientas y oportunidades adecuadas, quien convierte este potencial en realidad. En la edición de este año de TeachersCOP, organizada en colaboración con la Oficina para la Educación Climática (Office for Climate Education), vimos la variedad de iniciativas que docentes pusieron en marcha en torno a la educación sobre el cambio climático, con más de 120 proyectos presentados, que van desde flotadores oceánicos hasta el suprarreciclaje de residuos.
Para priorizar el papel de la docencia en la educación climática, el Gobierno de Flandes apoya las iniciativas de VVOB en Sudáfrica, Ecuador y la región flamenca de Bélgica (Flandes), a través de la orientación a docentes para que integren el cambio climático en sus planes de estudio e inspiren a las comunidades a actuar.
En Sudáfrica, a través del proyecto Keep it Cool (que significa “mantente fresco” en español) (enlace en inglés), el personal docente y directivo está aprendiendo a integrar el cambio climático en sus prácticas pedagógicas. Sudáfrica, que depende en gran medida de la agricultura de secano, es vulnerable al impacto del cambio climático y condiciones meteorológicas extremas. Al apostar por el desarrollo profesional de docentes, el proyecto ayuda a las instituciones educativas a abordar el cambio climático de forma significativa. Estas instituciones han desarrollado, por ejemplo, actividades como la creación de huertos, el compostaje de residuos orgánicos y la construcción de ladrillos ecológicos y sistemas de recogida de agua lluvia. Este trabajo trascendental sienta las bases para la segunda fase del proyecto, como explica Sofie Tack, coordinadora de subvenciones de VVOB, en este video (en inglés).
En Ecuador, el proyecto CAMBIAR aborda los importantes desafíos climáticos del país mediante el fortalecimiento de la educación técnica en agricultura, sector económico clave y fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero. El proyecto brinda a docentes las habilidades necesarias para preparar a sus estudiantes en prácticas agrícolas sostenibles, e integra la educación sobre el cambio climático a las oportunidades de desarrollo profesional actuales y nuevas. Por ejemplo, el proyecto está mejorando dos cursos en línea para docentes técnicos agrícolas y está desarrollando dos nuevos cursos en línea: uno que enseña sobre la agricultura climáticamente inteligente y otro sobre el aprendizaje basado en proyectos adaptado al sector agrícola.
Por su parte, la plataforma S-Cool-Links anima a docentes a colaborar en proyectos de acción climática e intercambiar conocimientos más allá de las fronteras. Esta plataforma interactiva en línea permite a docentes acceder a información científicamente precisa sobre el cambio climático, explorar ejemplos documentados de actividades pedagógicas sobre el cambio climático en todo el plan de estudios y compartir ideas con colegas de otros países.
A medida que estas iniciativas se desarrollan dentro y fuera del aula en todo el mundo, la juventud está tomando la iniciativa en la defensa de la acción climática, como se ha visto en la COP29. Cada vez más, impulsan el debate sobre acción climática y exigen cambios urgentes y exhaustivos a quienes hacen políticas públicas. Los resultados de un estudio de la UNESCO destacaron la importancia de la educación para formar ciudadanos conscientes del clima. En este estudio, la mayor parte de jóvenes (91 %) indicó que habían aprendido sobre cambio climático en la escuela, pero expresaron su preocupación por la calidad de la educación que habían recibido. Además, más de una cuarta parte (27 %) reveló que no podía explicar qué es el cambio climático.
Juan Daniel Quiroz Silva, ganador de la categoría “Escuelas verdes” en TeachersCOP, capturó a la perfección la esencia del potencial de jóvenes estudiantes: “Esta crisis climática nos exige ser muy creativos para enseñar el futuro. La infancia, especialmente la más temprana, es curiosa y resistente, y tiene la capacidad de imaginar un mundo nuevo. Esto es una oportunidad para una sociedad más justa y sostenible, en armonía con el planeta.”
Incluir el cambio climático en los planes de estudio es solo una parte de la solución (enlace en inglés). Como demuestran las iniciativas de VVOB en Ecuador, Sudáfrica y Bélgica, una educación de calidad sobre el cambio climático requiere la formación de docentes y la adaptación de lo aprendido al contexto local. Estas también son las principales exigencias de la juventud, recogidas en el informe de la UNESCO llamado “Los jóvenes exigen una educación de calidad sobre el cambio climático”.
Este informe reveló que casi la mitad de los 100 países analizados no mencionaba el cambio climático en sus mallas curriculares nacionales y que casi una cuarta parte (23 %) del personal docente no se sentía seguro al impartir educación sobre el cambio climático.
En su intervención en la mesa redonda ministerial de la COP29 sobre la ecologización de la educación y la mejora de los indicadores de alfabetización climática, Inge Vandevyvere, asesora estratégica global de educación de VVOB, recordó a participantes que no olviden las experiencias de docentes a la hora de desarrollar objetivos e indicadores para medir la alfabetización climática y elaborar planes de estudios sobre el cambio climático.
La educación climática ya no es opcional, es algo vital para crear un futuro sostenible y equitativo. El trabajo transformador que se está llevando a cabo en las aulas de todo el mundo es la base de un cambio significativo, pero docentes y jóvenes no pueden asumir esta responsabilidad sin ayuda. Los gobiernos y las personas responsables de hacer políticas públicas deben promulgar políticas habilitadoras y asignar recursos para integrar la educación climática en las estrategias nacionales. El sector privado también tiene un rol fundamental. Debe asociarse con las instituciones educativas para ofrecer oportunidades de aprendizaje práctico.
La urgencia de la crisis climática exige una acción colectiva en todos los sectores y generaciones. Si apoyamos a docentes, involucramos a jóvenes y fomentamos la colaboración global, podremos dar lugar a una ciudadanía comprometida con el clima y preparada para afrontar los desafíos del futuro. En conjunto, podemos hacer frente a la crisis climática de manera eficaz y construir un futuro más resiliente y sostenible para todas las personas.
Explora nuestro informe técnico (enlace en inglés) sobre la educación sobre cambio climático para obtener más información.
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